Hay lugares que uno pasa de largo mil veces sin saber lo que se está perdiendo. Eso nos pasó a nosotros con las Salinas del Bebedero: durante años recorrimos la ruta que une Mendoza con San Luis y nunca nos habíamos detenido a conocerlas. En este post te contamos todo lo que necesitás saber sobre este desierto blanco escondido en pleno centro-oeste puntano: su historia, cómo llegar, qué vas a encontrar y algunos consejos para que tu visita valga la pena.

Salinas del Bebedero
¿Qué son las Salinas del Bebedero?
Las Salinas del Bebedero son una depresión tectónica de unas 6.500 hectáreas, ubicada en el centro-oeste de la provincia de San Luis. Lo que hoy es un vasto desierto de sal fue, hasta comienzos del siglo XX, una laguna de aguas salobres de gran tamaño; con el correr de los años, el proceso de desertificación fue dejando al descubierto la actual «capa madre» de sal, que en invierno cubre la superficie con hasta un metro de espesor.
El paisaje cambia según la temporada: cuando llueve, el agua se filtra y disuelve parte de esa capa de sal, formando una salmuera que da lugar a una laguna temporal. Con la llegada del calor y la sequía, el sol se encarga de evaporar el agua, dejando al descubierto nuevamente las inmensas planicies blancas que hoy convierten al lugar en un verdadero desierto de sal.

Salinas del Bebedero
Un poco de historia
La explotación minera de las Salinas del Bebedero se remonta al año 1900, cuando la laguna ya mostraba signos evidentes de desecación. Con el correr de las décadas, el lugar llegó a tener su propio pueblo salinero, con trabajadores conocidos como «salineros» que vivían junto a la planta industrial, además de iglesia, comisaría, escuela y hasta una institución deportiva propia.
Sin embargo, con el tiempo, el río Bebedero dejo de verter sus aguas en la laguna y esta comenzó a reducirse. Dando lugar a las salinas.
Antiguamente la extracción de sal se realizaba a pala y se trasladaba en carretilla hacia los vagones, que eran luego tirados por una máquina a vapor desde la laguna hasta las parvas. Una vez estacionada la sal se trasladaba hasta la estación de Balde a granel o en bolsas que se colocaban en vagones grandes que eran tirados por una máquina de trocha angosta.

Salinas del Bebedero
Hoy, el pueblo se encuentra casi despoblado: apenas quedan un centro de salud, una oficina de información turística y una despensa, aunque en la actualidad sigue funcionando la planta industrial que produce sal fina, gruesa y extra fina para consumo, bajo la marca Dos Anclas, una de las más reconocidas del país en su rubro.

Salinas del Bebedero
Cómo llegar
Las Salinas del Bebedero se encuentran a unos 40-45 km de la ciudad de San Luis y a solo 15 km de la localidad de Balde, el pueblo más cercano.
En auto: saliendo desde la ciudad de San Luis, hay que tomar la Ruta Nacional 7 con dirección a Mendoza. Después de recorrer unos 20 km, hay que doblar a la izquierda por la Ruta Provincial 15 y continuar los últimos 15 km, que están totalmente pavimentados. La ruta te deja directamente en la entrada de las salinas. Si venís desde Mendoza, el desvío aparece antes de llegar a la capital puntana.
Sin auto: si no contás con vehículo propio, podés reservar una excursión desde la ciudad de San Luis, que suele incluir traslado y guía en español. También es posible llegar en micro hasta Balde y desde ahí conseguir un taxi o remis, aunque la disponibilidad puede ser limitada.

Salinas del Bebedero
Si no vas en coche, podés reservar un tour desde la ciudad de San Luis, que incluye además de la recogida y traslado, un guía en español.
Qué vas a encontrar en la visita
Al llegar, lo primero que sorprende es el silencio y la inmensidad del paisaje: una planicie blanca que se extiende varios kilómetros, enmarcada por las sierras a lo lejos. Vas a poder caminar directamente sobre la salina, subir a pequeñas montañas de sal y recorrer lo que queda del pueblo, literalmente construido sobre el propio yacimiento.
En el ingreso al lugar se encuentra la Planta Industrial Dos Anclas, donde funciona un centro de interpretación con un video institucional que explica el proceso de extracción y procesamiento de la sal, desde la cosecha hasta el envasado final.

Salinas del Bebedero
Tiempo de visita: no hace falta demasiado tiempo para recorrerlo. Entre una y dos horas alcanzan para conocer el lugar con tranquilidad, aunque como siempre digo, el tiempo real depende de cuánto te guste sacar fotos y detenerte a explorar.

Salinas del Bebedero
¿Cuál es la mejor época para visitarlas?
Las Salinas del Bebedero ofrecen un espectáculo distinto según la estación del año. En invierno, la capa de sal alcanza su mayor espesor y cubre por completo la superficie, dando la imagen más clásica de «desierto blanco». En otras épocas, dependiendo de las lluvias recientes, es posible encontrar sectores con agua, lo que también genera paisajes y reflejos muy particulares. Si tu objetivo es ver el salar en su máximo esplendor, la temporada invernal es la más recomendable.
Alrededores: Balde y sus termas
Si estás en la zona, vale la pena sumar una parada en Balde, la localidad más cercana a las salinas, conocida por sus aguas termales. El pueblo cuenta con dos complejos: uno municipal y otro privado, ideales para relajarse después de la caminata por el desierto de sal. Muchos viajeros combinan ambas visitas en un mismo circuito, conocido como el «circuito de termas y salinas puntanas».
Consejos para la visita
- Protección solar: la reverberación del sol sobre la sal es muy fuerte, así que no te olvides de anteojos de sol, protector solar y gorra.
- Calzado cómodo: vas a caminar sobre una superficie irregular, así que un calzado cerrado y cómodo es la mejor opción.
- Agua: llevá suficiente agua, ya que en la zona no hay demasiados servicios ni comercios.
- Cámara de fotos: el contraste entre el blanco de la sal, el cielo y las sierras de fondo da lugar a fotos espectaculares, sobre todo cerca del atardecer.
- Combínalo con tu ruta: si vas camino a San Luis capital o a Potrero de los Funes, las salinas son una parada perfecta para sumar a tu recorrido sin desviarte demasiado.
Sin dudas. Las Salinas del Bebedero no son un destino demasiado explotado turísticamente, y quizás por eso mismo tienen un encanto especial: la posibilidad de recorrer un paisaje casi de otro planeta, con la tranquilidad de no encontrarte con multitudes de turistas. Si estás armando tu ruta por San Luis, esta parada es una de esas paradas que vale la pena sumar, aunque sea por una hora, para llevarte un recuerdo bien distinto de la provincia.
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